Ni una vida más: Colombia no puede seguir perdiendo a sus policías

Carta abierta del director de la Policía Nacional de Colombia Sr. General William Rincón Zambrano
  • Director General Policía Nacional de Colombia

Como Director de la Policía Nacional, he experimentado de cerca y con dolor, el sacrificio diario de nuestros hombres y mujeres uniformados, a través de hechos que han estremecido nuestro ser, y que demandan actuar con decisión contra toda forma de violencia y terrorismo. 

Por eso, hoy más que nunca, cada policía que ha ofrendado su vida se convierte en un testimonio vivo de humanidad, de entereza moral y de fortaleza espiritual, para la institución y el país, como se desprende de la tragedia ocurrida el 23 de marzo de este año, en el sector Río Las Piedras, sobre la vía Panamericana que conecta a los municipios de Timbío y Rosas, en el Cauca, cuando se produjo un ataque con explosivos contra una patrulla de la Policía, que segó la vida del patrullero Juan David Grande Cantero, mientras que otros cinco uniformados y 10 civiles resultaron heridos en medio del atentado realizado con artefactos explosivos improvisados. 

La explosión destruyó parte de la carretera y obligó al cierre total del corredor vial, afectando a conductores y a residentes de la zona. Pocos días antes, el 18 de marzo, en Las Mercedes, Norte de Santander, en esa misma lógica de agresiones contra servidores policiales, el patrullero Luis Fernando Rincón sufrió un ataque similar mientras realizaba labores de inspección. Su valentía evitó daños mayores a la comunidad y a sus compañeros, demostrando que cada policía enfrenta riesgos extremos al momento de proteger a las personas y sus entornos. 

Estos hechos me permiten rememorar los largos años de conflicto armado y las épocas en las que las victimas solo eran recordadas en los funerales. Hoy, la lucha contra la impunidad y el reconocimiento de las víctimas son prioridades nacionales. Recordemos que más de 447,500 integrantes de la Fuerza Pública, incluyendo 84,125 policías, han sido reconocidos como víctimas del conflicto armado colombiano (durante más de seis décadas), con daños que van desde homicidios y ataques hasta desplazamientos forzados, secuestros, torturas y explosiones de artefactos, según el Registro Único de Víctimas. Cada cifra representa familias, hogares y vidas marcadas y desgarradas por la violencia. 

Estos hechos nos recuerdan que detrás de cada uniforme hay un ser humano: un padre, un hijo, un hermano, un esposo, un ciudadano que sostiene la seguridad y la convivencia de Colombia. Cada agresión que reciben no solo los hiere a ellos sino a familias enteras, a sus compañeros y a toda la sociedad. Ante esta realidad, su sacrificio nos enseña que proteger a quienes nos protegen es una responsabilidad colectiva.

Para denunciar la gravedad de esta situación, en el año 2025, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos condenó los ataques contra policías y militares en Colombia, atribuidos a grupos armados ilegales como el Clan del Golfo, las disidencias y el ELN, recordando que estos actos no tienen justificación. Así mismo, debemos recordar que el hecho de que los policías sean servidores públicos no disminuye en absoluto su condición de seres humanos ni su titularidad de derechos, garantías y libertades, reconocidos tanto por la Constitución como por los instrumentos internacionales de derechos humanos. 

Los policías también son sujetos de protección frente a los efectos del conflicto armado, a fin de garantizar que sus derechos no sean vulnerados. Igualmente, la libre elección de su profesión es un derecho superior que jamás puede convertirse en excusa para limitar otras garantías fundamentales. Por lo tanto, defender a quienes nos protegen es un imperativo de justicia, de humanidad y de veeduría pública. 

Cuidar a quienes sirven y protegen a Colombia no puede ser un lema vacío. Significa, que cada ciudadano adopte un rol activo al momento de respaldar y acompañar la noble labor de quienes arriesgan su vida por la seguridad y el bienestar de todos, como lo demostraron los policías que, con rapidez y decisión, rescataron a un menor de 17 años que se encontraba al borde de un puente vehicular, dispuesto a lanzarse al vacío en la ciudad de Bogotá; y que fueron informados oportunamente por la comunidad. 

El hecho ocurrió en el puente de la calle Sexta con carrera 30, donde el menor intentaba suicidarse. En medio de la tensión, los uniformados lograron ponerlo a salvo, mostrando no solo valentía sino sensibilidad frente a la situación. 

Por estas buenas noticias y razones que unen a Colombia, a las familias de nuestros héroes que han partido violentamente a la eternidad, les expreso nuestra solidaridad, cercanía y apoyo permanente. A mis compañeros, les digo: no caminan solos. La fuerza de nuestra Policía depende también de la gratitud, el respeto y el amor de toda la sociedad a la que sirven de manera desinteresada. 

Que el ejemplo de Hervin Oswaldo, Juan David, Luis, Diana Carolina, Jeison Alberto, Andrés Felipe, Andrés David, y de los miles de policías que han ofrendado su vida nos inspire a honrar su existencia, para que su memoria se transforme en una conciencia colectiva que nos motive a respaldar a nuestra Policía y a construir un país donde la vida y la dignidad de quienes sirven en representación del Estado, sean inviolables.

Dios y Patria 

General William Rincón

Director de la Policía Nacional de Colombia